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Mostrando entradas de julio, 2007

Saturación

Estoy saturado. Apenas tengo tiempo para pestañear. Entre hoy y mañana he de finalizar textos para siglos. No debería ni siquiera entrar en internet. Sin embargo, es en estos momentos cuando no puedo dejar de escribir aquí, ver la tele, leer otras cosas, ordenar la habitación, cambiar los libros de sitio, salir de compras... es decir, todo aquello que me aparta de mis obligaciones.

Son demasiadas cosas. Y no puedo con todas. Además, tal y como está la unión ciclista internacional, he descartado el doping, al menos el ilegal (café que no falte). No escarmiento. Siempre me ocurre lo mismo: hasta el último momento. Algún día me cogerá el toro. Espero que no sea esta vez. Y si lo es, me confiaré al espíritu de Luis Francisco Esplá. Otro que no parece escarmentar.

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El tosedor

Me he tomado un momento de relax y me he escapado al concierto de Barbara Hendricks en el Auditorio de Murcia. Acabo de llegar fascinado con la señora Hendricks (no me esperaba menos) pero consternado con la cantidad de toses que he tenido que escuchar. Es algo que siempre me ha obsesionado. A veces pienso que hay gente que va a los conciertos sólo para hacerse notar, y espera a los pianísimos para tocar a los demás lo que no suena. Las toses de hoy me han recordado a un relato que escribí hace mucho y que tenía perdido en los archivos del antiguo ordenador. Es una cosa de juventud y está muy mal escrito. Pero al releerlo, he sentido que transmitía bien lo que ha sucedido esta noche. Como no tengo pudor alguno, y tampoco tengo tiempo ahora para ponerme arreglarlo, lo voy a colgar tal y como lo he encontrado. Ya me contáis qué os parece.

El tosedor

Nadie sabía la razón exacta que le impulsaba a toser en los conciertos, pero, al parecer, venía de largo. La primera vez que su madre lo llev…

Nominalismo migratorio

Hoy me han vuelto a llamar José María. Ha sido en una reunión. Todo había empezado bien: saludos, parabienes, sonrisas. Pero hacia el final, un señor se ha vuelto hacia mí y me ha dicho: Porque tú José María, como director del Cendeac...

No es la primera vez que me pasa. Durante un tiempo nadie sabía mi nombre. En la prensa y en los textos que escribía, solían cambiármelo o, incluso, eliminarlo directamente. Así, he firmado textos como A. Martínez Navarro, Miguel Navarro, Ángel Hernández, Miguel Ángel H., Miguel Antonio Hernández, y, el más increíble, MariángelesHernández. Era siempre el ausente de las fotos. Ese señor que aparece de relleno pero cuyo nombre nunca se sabe.

Hoy, de nuevo, al escuchar que me llamaban José María, he decidido eliminar mi nombre. Comenzaré un proceso de nomadismo nominal y, en adelante, responderé a todos los nombres. Seré todos y nadie. Y si me llaman José María, diré: para servirle a Dios y usted. A estas alturas tendríamos que habernos acostumbrado. El no…

Más madera

Como si se tratase del retorno de lo reprimido, las estéticas migratorias vuelven a erigirse centro de mis preocupaciones intelectuales. He aparcado la literatura basura por unos días para acabar la segunda parte del trabajo que comencé a principios de año. El problema es que en verano las neuronas están saturadas y doy lo justo. Además, creo que mi dedicación basuresca a la literatura de estos últimos meses me ha dejado seriamente perjudicado. Después de leer al hijo de StephenKing, me cuesta 'horrores' ponerme con las cosas serias. Es un proceso lento, pero poco a poco parece que la cosa va arreglándose y volviendo a la normalidad. De momento, estoy disfrutando como un niño con un libro no demasiado conocido de Michel de Certeau, Historia y psicoanálisis. Con una prosa envidiable, de Certeau va poniendo como nadie las cosas en su sitio. Creo que he aprendido más sobre Freud y el psicoanálisis en las breves páginas de este libro que en toda la literatura parapsicoanalítica, a…

Vila-Matas monumental (y portátil)

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Vila-Matas Portátil. Un escritor ante la crítica
Edición de Margarita Heredia
Editorial Candaya

Sin duda alguna –al menos para quien escribe este texto–, Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es el escritor más sólido, lúcido, interesante e innovador de las letras españolas. Creo que es la primera vez que realizo una afirmación tan tajante. Y también la primera que estoy seguro de no equivocarme. Porque Vila-Matas es uno de los grandes. Una referencia en la historia de la literatura contemporánea, a la altura de Georges Perec, Italo Calvino o W.G. Sebald. Su literatura ‘transgenérica’, en la frontera del ensayo, la autobiografía y la ficción, se ha erigido en uno de los más brillantes ejemplos de eso que se ha dado en llamar ‘literatura posmoderna’. Una escritura que, a lo largo de los ochenta, apareció como una corriente de aire fresco en el rancio panorama literario español, y que ha ido creciendo y conformando un corpus textual que abarca ya veinticinco libros, entre novelas, ensayos …

Historias inacabadas

De nuevo, al despertarme, he dejado a medio una historia de amor. Y no he podido evitar preguntarme qué ocurre con todas esas vidas que se cortan de repente en los sueños. Esas que quedan suspendidas para siempre. ¿Dónde van a parar las historias que se cierran? ¿Esperan acaso a ser recuperados en algún lugar del limbo de los sueños? ¿Aguardará mi amada a que regrese con la respuesta a sus preguntas o se habrá desvanecido para siempre? Lo único claro es que los sueños nunca acaban del todo, y que siempre son insufientes. Un drama. Como la vida misma, supongo.

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Noche de fiesta

El diario La Verdad me ha invitado a enviar un cuento de verano para la semana que viene. He intentado crear algo bonito y veraniego, pero, dado mi estado de ánimo, no ha habido manera. Antes de proceder al envío, os lo dejo aquí para que me ofrezcáis vuestras sabias opiniones. Esta vez las necesito como el comer.


Noche de Fiesta

Salí un poco mareado de la fiesta. Eran las cuatro de la mañana y no había un alma en las calles. Apenas podía tenerme en pie, pero quise regresar andando, para ver si se me pasaba la borrachera. De camino a casa no se me ocurrió otra cosa que pasar por un callejón largo y estrecho que siempre procuro evitar. Una decisión, sin lugar a dudas, equivocada, pues, nada más entrar, me encontré de bruces con lo que temía. Un grupo de adolescentes tenía acorralado a un mendigo al final del callejón. Observé cómo se reían de él, lo tiraban al suelo y comenzaban a darle patadas y puñetazos. Al ver aquella escena, se me revolvió el estómago. Pero sobre todo quedé completa…

Profecía

“¿Y si en el fondo todo esto no fuese más que una farsa?”, preguntó desesperado a su padre. No obtuvo respuesta alguna. Fue entonces cuando, tras mirar hacia el cielo, dijo “Se ha cumplido”.

Cansancio

Estoy tan cansado que no puedo dormir. Esta tarde, para desconectar del mundanal ruido, se nos ha ocurrido jugar un partido de fútbol. La semana pasada ya lo hicimos a las cinco de la tarde, con la solana. Hoy la cosa ha sido más humana, a las siete y media. Pero el caso es que en el primer lance del partido me he lesionado, y ahora tengo un puñetero dolor en el muslo que no me deja dormir.

Aunque, bien pensado, no sé si el dolor insomne es el físico. Desde anoche (aunque esto viene de largo) estoy bastante desilusionado con el sistema universitario español. Un sistema que me expele una y otra vez. Comienzo a tener cada vez más claro que mi futuro profesional no se encuentra en la universidad. Es cierto que, socialmente, la universidad es el lugar de legitimación del saber. Pero cada vez más se demuestra que, en realidad, es todo lo contrario. Quizá sea necesario pensar que hay otras vías para el conocimiento y el desarrollo intelectual. Desde luego, la universidad española (y no apunt…

Huésped

A veces me cuesta trabajo quitármelo de encima. Se aferra tanto a la piel que, cuando logro sacarlo, puedo llegar a perder jirones de piel y algún que otro órgano. Sé que al día siguiente todo vuelve a su sitio. Pero paso unas noches terribles, dolorido y con náuseas. Entonces tengo pesadillas y sueño que habito un cuerpo que no me pertenece. Afortunadamente despierto. Y me reconcilio con el mundo.

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Episteme

Llevo unos meses en los que apenas leo ensayo. No sé si me he vuelto perezoso, pero lo cierto es que cada vez más me cuesta leer otra cosa que no sea narrativa. Estoy convencido de que se puede trabajar a partir de de ahí. De hecho, poco a poco voy encontrando en ese terreno más material a partir del cual pensar y reflexionar. Un pensamiento que (también cada vez más) tengo que llevarlo a cabo horizontalmente. Y es que me cuesta mucho pensar sentado, frente al ordenador, en la mesa de trabajar. Llevo un tiempo en que necesito tumbarme para reflexionar. Quizá cueste trabajo hacerse a la idea, pero lo cierto es que gran parte de la historia del pensamiento se ha hecho de ese modo, en la cama y boca abajo. Quizá haya que darle la razón a Bataille cuando observaba que la horizontalidad es la esencia a la que tenemos que volver, nuestra animalidad perdida, incluso para la reflexión.

Desde fuera parece otra cosa: leer novela y estar tumbado a la bartola. Pero es trabajo y del duro. Para evi…

Ravel: 'experimentos con la verdad'

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En una entrevista reciente, decía Jean Echenoz (Orange, 1947) que prefería las vidas reales a las de ficción. Ravel, publicada en español por Anagrama, es precisamente eso: una vida real, construida por medio de la narración. Y es que el texto no es una biografía al uso, ni tampoco una novela histórica. Se trata más bien de una reconstrucción literaria de la biografía de Ravel, documentada históricamente, pero escrita desde la literatura. Con esta obra Echenoz habita un terreno ‘intergenérico’, claramente más cerca de la literatura que de la historia. Este tipo de escritura abre la historia, o las formas de construcción de la historia, para dar otros resultados. Es ciertamente curiosa la sensación que uno tiene al leer este libro. Por un lado está claro que no se trata de la objetividad de la historia. Es literatura, es creación. Hay un escritor, un autor, por decirlo en términos de Foucault, cuyo estilo pesa en la historia. Pero al mismo tiempo, el estilo de Echenoz se aproxima a una…

El traje del muerto

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Llevo varios días intentando leer El traje del muerto, la ópera prima de JoeHill. Bazofia de la buena. Hill es el hijo del padre de la literatura basura, StephenKing, así que de casta le viene al galgo. Pero, aun así, no hay color. King tiene historias originales, algunas escritas muy dignamente. Pero de El traje del muerto sólo se salvan las primeras 10 páginas, el momento en que un aficcionado al esoterismo compra un fantasma por internet. A partir de ahí, la historia se le va de las manos, y, disparate tras disparate, no sé dónde querrá conducirla.

Son trescientas páginas y pico. Llevo casi doscientas, pero hoy he decidido no seguir. He hipotecado demasiado tiempo de mi vida con esto. Me pongo a compararlo con José Carlos Somoza, cuya lectura tengo fresca, y la verdad es que, más que nunca, la comparación no admite lugar. Lo más grave del asunto es la campaña de la que viene precedida la novela, que sale ya con los derechos de cine y los derechos de traducción a no sé cuantos paise…

Tiempo de Planck

Ultimamente, y no sé a ciencia cierta por qué, todo va muy rápido. Apenas tengo tiempo de sentarme a escribir, ni siquiera de responder los comentarios que amablemente me hacéis en el blog. Acabo de leer 'Zigzag' (thriller científicio más que recomendable, de José Carlos Somoza), y parece que me sucede lo que a algunos de los personajes de la novela: estoy en una cuerda temporal rápida. En un tiempo de Planck, una manifestación infraleve del tiempo, un tiempo mínimo en el que aún las cosas no han acabado de formarse. La mínima expresión del tiempo, el instante justo para ser considerado tiempo. Pues eso: algo semejante pero de modo continuo. Una sucesion inacabable de temporalidades mínimas que no logran acabarse del todo. Ahí estoy. Espero salir en estos días (quizá no más que unas milésimas de segundo).

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Documenta

Me envía Eduardo Cortills un mensaje para preguntarme qué me parece la presencia de Ferran Adriá en la Documenta de Kassel. Una vergüenza, le respondí. El Bulli, más allá de las virtudes de la alta cocina (que no niego que pueda ser arte), representa la tradición elitista, burguesa e inaccesible del arte occidental. Al principio me daba igual, pero, cuanto más lo pienso, más me indigno. En un momento como el presente, con la que está cayendo, apostar por un arte de la alta cocina para unos pocos elegidos, es un disparate tremendo. Pero, en fin, como siempre digo, otras cosas hay peores.

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