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Mostrando entradas de octubre, 2008

Las manos pequeñas

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Las manos pequeñas es la última novela de Andrés Barba, un escritor que, poco a poco, y casi sin hacer ruido, se ha ido convirtiendo en una de las voces más singulares y sólidas de la narrativa española contemporánea. Aunque nació en 1975, su obra no es asimilable a las nuevas narrativas de los autores de la llamada generación Nocilla, sino que su producción se ha caracterizado por un intimismo y una prosa cuidada y elegante que lo acercarían a otros autores también jóvenes como Ricardo Menéndez Salmón o, allende los mares, a figuras tan exquisitas como Alejandro Zambra.

En este librito de apenas cien páginas, Barba cuenta la historia de una niña, Marina, y su contradictoria relación con su cuerpo. Una niña cuyos padres mueren en un accidente de tráfico y tiene que aprender a vivir en un orfanato en el que es vista como un ser abominable. Es una historia de alteridad. El miedo y la desconfianza ante el otro, pero también la violencia empleada para paliar ese miedo. Es también la histor…

Colomina

Excepcional el seminario que está impartiendo Beatriz Colomina en el CENDEAC. Hoy (miércoles) ha hablado sobre el modo en el que la imaginería médica (en especial los rayos X) configura la arquitectura moderna. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una conferencia. Las dos sesiones restantes (jueves y viernes) también parecen prometedoras: arquitectura de pantallas, y arquitectura en la era de la vigilancia. Un lujo que hace que, por momentos, esto adquiera cierto sentido.

Respirar

Hoy, mientras comenzaba a preparar mis clases sobre prostitución y pornografía en el arte moderno, en La ceremonia del porno, el magnífico libro de Javier Montes y Andrés Barba, me he encontrado con una argumentación de Linda Lovelace que me ha llegado al alma: "Hacía lo mismo que los faquires. La única diferencia radica en la forma del objeto engullido: se puede respirar a través de la espada, pero desde luego no hay manera de hacerlo cuando se tiene en la garganta un pene de tamaño considerable".

El transporte de la lectura

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A petición de los que no pudieron estar el otro día en la presentación, os copio aquí la reseña que Rubén Castillo hizo el pasado viernes en El faro de las letras :

El transporte de la lectura
La editorial Tres Fronteras y la Biblioteca Regional de Murcia andan desde hace meses embarcadas en un proyecto llamado La Biblioteca del Tranvía, que consiste en publicar una serie de libros de pequeño formato y distribución gratuita, del que se acaban de lanzar los volúmenes 3, 4 y 5, que fueron presentados el pasado martes en la capital de la Región por el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Francisco Giménez Gracia.

La primera propuesta se titula ‘Demasiado tarde para volver’ y va firmada por Miguel Á. Hernández-Navarro, un hombre de arte al que se conocía por sus ensayos sobre Estética y por su volumen ‘Infraleve’, que editó hace unos años. Partiendo de un guiño irónico-filosófico (‘Todo lo que no he escrito’), nos regala con lenguaje de engañosa facilidad una serie de historia…

Cosas que hacer

Acabo a la carrera, como todo lo que hago últimamente, el texto para la exposición de Mar Sáez en la sala de los Molinos del Río. Como siempre, se me quedan muchas cosas en el tintero. Supongo que habrá otra ocasión. Por otra parte, de aquí al viernes que viene tendré que enviar cuatro textos más para cuatro exposiciones diferentes (que no he comenzado ni a pensar), un capítulo de un libro sobre los museos globales que edita HansBelting y una comunicación a un congreso sobre RobertMorris en Lyon. Esto aparte de las clases, los seminarios del Cendeac (con comida, cena y esparcimiento del conferenciante incluidos) y algunos marrones que prefiero no mencionar. Me quedan las noches para poder trabajar. Y todavía algunos me dicen que a ver si saco tiempo para tener un hijo, que si uno se pone a pensarlo no lo hace. Yo les digo que, conforme están las cosas, el problema ya no sería criarlo, sino poderlo hacer. Ya le he dicho a womahn que no tengo inconveniente alguno en que busque a alguien…

Dolorido

Sin dos muelas y dolorido asistí anoche a la presentación de los libros del tranvía. A pesar de que había demasiada gente y de que estábamos entre amigos, el acto fue interesante, y tanto Antonio Parra como Paco López, y por supuesto Paco Giménez, dijeron cosas interesantes. El único que desentonó creo que fui yo, enchaquetado, de negro y tartamudeante. Al llegar a casa, el Madrid perdía con la Juve. Y yo no tenía fuerzas para seguir trabajando. Si llego vivo al 15 de noviembre lo consideraré todo un logro. Hasta entonces tengo tantas cosas que terminar que el sólo hecho de enumerarlas me pone nervioso.

Demasiado tarde... para presentar

Para aquellos que mañana martes por la tarde no tengan nada que hacer: a las 20:00 horas, en la cafetería del Archivo Regional de Murcia, tendrá lugar la presentación los últimos libros de la Biblioteca del Tranvía: La mansión de los mutantes, de Paco López Mengual, El sueño de Tántalo, de Antonio Parra Sanz y Demasiado tarde para volver, de un servidor de ustedes.

En el acto estaremos los autores y el Director General del Libro, Francisco Giménez. Diremos alguna tontería que otra y regalaremos libros a los asistentes. Vamos, un plan interesantísimo. Así que, si no tenéis nada mejor que hacer, y no estáis fuera de Murcia, es posible que sea buen momento para encontrarnos. Quizá demasiado tarde. Sólo Dios lo sabe.

La Arcadia que nunca estuvo allí

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En estos días de inmersión en el pasado, curiosamente, el azar me ha seguido sumergiendo en una peculiar búsqueda del tiempo perdido. Por cosas de la casualidad, la plataforma Murcia en bici me encargó a principios del verano que les hiciera una ruta guiada por las Torres de la huerta, una de las manifestaciones arquitectónicas más interesantes de la huerta murciana. Esto me quedaba más que alejado de mis intereses actuales, pero accedí (no sin ciertos reparos) a realizar el trabajo. Y con la tontería, para preparar bien la ruta, me compré una bici (y otra para womahn) antes del verano y rescaté de la memoria unos años huertanos en los que la bici era el medio de transporte por excelencia.

Hoy hemos realizado la ruta con casi cincuenta personas, y ha sido una experiencia más que agradable. Hemos pasado por algunas de estas torres, muchas de ellas amenzadas de muerte. De entre todas, sin duda, la más bella sigue siendo la de Almodóvar, frente a la que he vivido hasta que dejé la huerta …

Obscena materialidad

Esta semana apenas he podido sentarme frente al ordenador unos minutos. Las clases y los eventos del Cendeac, amén de otros líos varios, me han tenido alejado de la pantalla del ordenador y de la escritura. Sin embargo, la experiencia de las cosas de la que hablé en el post anterior ha seguido escribiéndose en mi mente. Tengo aún clavada la imagen de los zapatos de mi madre situados exactamente igual que la noche anterior a su muerte, esperando ser usados el día siguiente. Un día siguiente que no llegó. Y unos zapatos que ya nunca más fueron usados. Porque, ahora que recuerdo, en el lecho de muerte, sus pies estaban desnudos. Ya nunca más necesitó los zapatos, como ya nunca más necesitó de las cosas. Cosas que, sin embargo, seguían esperando.

Recuerdo que, cuando revolví el pasado, tuve esa sensación de espera incluso con las cosas que estaban allí antes de su muerte. Me encontré cubiertos, manteles, ropa, radios… objetos que seguían dispuestos s ser utilizados. Y fue entonces cuando …

Sus cosas

Después de siete meses, esta mañana me he armado de valor y he comenzado a limpiar la casa mis padres. Ha sido como caminar a través del tiempo, y como si el tiempo fuese una cuchilla afilada y yo anduviese descalzo con una herida abierta en la planta del pie. Sin embargo, mi rostro ha permanecido imperturbable, en estado de ataraxia, como si estuviese realizando algún tipo de ritual que me impidiese gesticular.

En la casa ya no había muerte, como la última vez que estuve. Entonces había un cuerpo tendido. Un cuerpo vacío de vida pero lleno de sentido. Hoy no había ni cuerpo ni sentido. Hoy no había nada. Y sin embargo estaba todo. Todas las cosas, allí, inmóviles, quietas, tranquilas, como si nada hubiese sucedido, como si no se hubiesen enterado de nada. Las cosas, tan llenas de memoria y tan vacías de entendimiento.

Desde el punto de vista de las cosas, mi madre aún estaba allí. Las cosas aún no la habían perdido, aún no se habían convertido en meras cosas, aún seguían siendo sus cos…

Impostar

Hace unas semanas que he comenzado las clases de la universidad, y, como cada año, me está costando un trabajo enorme mantener el presupuesto tono neutral del discurso académico. Siempre me pasa lo mismo. La seriedad me dura muy poco. No puedo evitarlo, las cosas del mundo de vida me vienen a la cabeza con la misma entidad e importancia que la materia que estoy impartiendo. Es como si lo que me rodease se inmiscuyera en la retórica y el proceso de construcción del conocimiento. Vamos, que se me va la pinza.

Por eso, para consolarme, lo primero que hago es pensar en cómo la historia intelectual de Occidente se ha construido sobre un proceso de cancelación del sujeto hablante, haciendo creer que quien habla y la cosa de la que se habla son lo mismo, que el enunciante y el enunciado pertenecen a universos semejantes. Como bien ha mostrado PeterSloterdijk en su Crítica de la razón cínica, el discurso de la academia, pero también el de la política y las instituciones de saber y poder, se co…

Llegadas

Llegué de Barcelona cargado de libros. Después de los dos días en Liber con los dientes largos (allí no se venden libros), me tuve que ir a librería La Central a ponerme como el tato. Cargué todo lo que pude (lo que me dejó la mastercard).

Sin apenas haber dormido una hora, me fui a clase a dar la perorata sobre el arte contemporáneo. Y después, aún sin haber descansado, se me ocurrió jugar un partido de fútbol que acabó a la una de la madrugada. Así estoy esta mañana, hecho cisco. Pero mentalmente renovado. Eso sí, el teléfono lo sigo cogiendo cada vez menos.

Una voz y nada más

A las seis de la mañana salgo para Barcelona. Liber, la feria internacional del libro. Esta vez sólo serán tres días los que esté fuera de casa. Y hablando de días, ya son prácticamente cuatro los que tengo el móvil apagado. Les pido disculpas a todos los que esperen mi llamada o quieran localizarme por teléfono. Creo que he desarrollado una patología extrema ante la voz telefónica. De tanto usar el móvil he llegado a un momento de saturación que me hace odiar todo lo relacionado con el teléfono. Hablar por teléfono, que en otra época fue la cosa más reconfortante, cada vez más se está convirtiendo en un suplicio. Es como si una especie de fonofobia se hubiese apoderado de mí. Una fonofobia que hace que la voz de los otros, su timbre y su textura, se me haga incómoda al oído. Es el silencio lo que reconforta mi oído. El silencio o cierta música silente, como la de Satie. Lo demás me perturba tremendamente.

Son procesos, supongo. Mientras se me pasa, me deleito con el libro de Mladen Do…

Y queda escribir

Escribir como un ser para la muerte. Es lo único posible en estos momentos. Escribir por el mero hecho de escribir. Con los ojos cerrados, sin ni tan siquiera mirar el teclado. Hacer frases en la mente. No importa equivocarse, no importa nada. Importa sólo el recuerdo. El recuerdo que se va, que parece llegar, pero que con las mismas sale volando, el recuerdo que llega como un fogonazo. Escribir mirándose las manos en el teclado, sin mirar a la pantalla del ordenador. Escribir como si sólo fuese manos, o qué se yo. Escribir mientras lo único que importa se ha ido para siempre. Escribir cuando ya no queda otra cosa. Escribir cuando lo único que resta es escribir. Y nada más. Imaginar que ya no hay nada más. Perder el tiempo en lo accesorio. Y seguir perdiéndolo para siempre. Vivir: perder tiempo. Perder el tiempo en los otros. Como si los otros no fueran más que excusas. Eso es quizá vivir. Eso y poco más. Vivir se trata de tiempo. De tiempo perdido, de tiempo que resiste a quedarse. …

Soy vila-matasiano

Anuntio vobis gaudium magnum, Enrique Vila-Matas ya tiene página web. Un motivo de alegría para sus seguidores, entre los cuales, sin ningún género de dudas, me encuentro. Vila-Matas ocupa un lugar destacado en mi canon literario, junto a Beckett, Bernhard y Blanchot. En los últimos tiempos, con ninguna otra lectura he conseguido disfrutar más que con sus libros y artículos. Como ya dije aquí hace unas semanas, en un lugar de su Dietario voluble, comenta Vila-Matas que los mejores libros son los que uno cree que podría haber escrito. Habla para escritores, es cierto, pero el caso es que con sus libros me ocurre exactamente eso, que siento que los podría haber escrito yo. Esto, por supuesto, es imposible, pues difícilmente puede uno manejar la prosa inteligente e irónica de Vila-Matas. Se trata más bien de la sensación de habitar un mundo completamente empático, de compartir unos modos, unas maneras y unos afectos hacia la vida y la literatura.

Desde aquí, a voz en grito, me declaro vil…

Reconfortado

Hoy el dentista me ha abierto las encías sin apenas anestesia. Allí, frente a la luz cegadora de la lámpara y al ruido ensordecedor del aspirador quirúrgico, en medio de un dolor creciente, me he sentido reconfortado. Una tranquilidad sin igual se ha apoderado de mí. He recordado entonces el aforismo de Cioran con el que anoche me dormí: "En este momento estoy solo. ¿Podría desear algo mejor, existe dicha más intensa? Sí, la de oír, a fuerza de silencio, cómo se agranda mi soledad".

Luego he querido mirar al cielo, dar un grito y decir "se ha cumplido". Desafortunadamente, la tortura ha acabado pronto y me he dado de bruces con la realidad. En el móvil tenía diez llamadas perdidas. Las he borrado todas y he jurado odio eterno al teléfono.

Ontología del tedio

De nuevo Cioran y la exasperación de lo humano: "No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos que forman parte de nuestra rutina y nos minan tan meticulosamente como el Tiempo".

O lo que es lo mismo: "Devastado por el tedio, ese ciclón al raletí..."

Magia de la decepción

El hastío del mundo me está venciendo poco a poco. Cada vez aguanto menos a mis semejantes. Comienzo a tener claro que sólo tengo en común con ellos el hecho de estar sostenido por dos piernas. Por eso he decidido batirme en retirada, escapar de esta batalla antes de que acabe conmigo. Escapar, salir, ocultarme... aunque sea en el fondo de mis intestinos. Y por eso también esta noche vuelvo a mi amado Cioran: "Decepcionados por todos, es inevitable que acabemos siéndolo por nosotros mismos; a no ser que hayamos comenzado por ahí".