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Mostrando entradas de diciembre, 2009

Propósitos presentes

El comentario de Emilio me da la excusa perfecta para el último post del año. Como bien dice Emilio, igual que las pastillas de sacarina, el tiempo, que a veces creemos infinito, también tiene su fin, al menos lo tiene para nosotros. Supongo que hay un momento en el que uno siente que se le va de las manos y que ya no hay manera de dejar las cosas para otro momento, porque comenzamos a desconfiar de que los momentos vuelvan a nosotros.

Uno acumula cosas por hacer que al final nunca realiza del todo. Así que los fines de año se llenan de buenos propósitos. El 31 de diciembre es la fecha para soñar en el cambio, en que las cosas pueden comenzar a ir mejor. Esta vez, como Emilio, yo tampoco he hecho propósitos para el año nuevo. Aunque sea por motivos diferentes, ni siquiera me había puesto a pensar en que cambiamos de década. Por lo general uno piensa en lo que no ha sido o en lo que está por venir. Yo suelo ser muy melancólico, y el pasado siempre irrumpe. Me acuerdo de mis padres y de …

El objeto infinito

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Hoy me ha pasado una de las cosas más sorprendentes en lo que lo llevo de año: se me ha acabado un bote de sacarina de los grandes. Al apretar el mecanismo para que salieran las pequeñas pastillas, nada ha salido de allí. He sufrido un vértigo tremendo. Aunque no os lo creáis, es la primera vez que me ocurre semejante cosa. Siempre he pensado que este tipo de productos no tiene fin. Esos botes están llenos de pastillas, tienen miles. Uno jamás pensarían que eso se pueda gastar. Pero ese inconsciente de infinitud se me ha venido abajo hoy al observar empíricamente que el bote estaba vacío.


Siempre intento evitar estos momentos en que las cosas acaban agotándose y pierden por completo su utilidad. Mucho antes de que se acabe el bote ya he comprado otro. Cuando, al agitarlo, intuyo que hay menos de veinte pastillas, el terror se apodera de mi cuerpo y salgo corriendo a por otro bote, si es posible más grande. En ese momento, el anterior es relegado al armario y su contenido nunca se gast…

Déjà vu

Supongo que toca escribir sobre la Navidad. Lo suyo sería escribir sobre los mismos tópicos de siempre, las mismas anécdotas y los mismos argumentos: la banalización de la Navidad, la pérdida del sentido religioso y la conversión en una excusa para el consumo desaforado, o incluso la idea de la Navidad como un tiempo melancólico en el que recordamos a los que ya no están. La verdad es que, por mucho que uno quiera escribir sobre cosas nuevas, no puede dejar de caer en la repetición de lo mismo. Y, pensándolo bien, es precisamente esta idea, la de repetición, sobre la que se debería reflexionar en un tiempo como este. Aunque a veces observemos el curso del tiempo como una estructura lineal, que va desde el pasado al futuro, el mundo se repite constantemente.

El tiempo cíclico de las fiestas nos recuerda que hay cosas que nunca cambian, que, por mucho que avancemos, siempre estamos en el mismo lugar. Lo cíclico y lo repetitivo nos sirve también para frenar el vértigo de la historia, el a…

No (ha) lugar entrevistado

Con el papeleo y los líos de las últimas semanas, se me ha pasado subir la entrevista sobre este blog que tuvo lugar en La fundación Chirivella Soriano el verano pasado, en el marco del décimo aniversario de Arte10. La verdad es que lo pasé bastante bien en el encuentro, y creo que se llegó a conclusiones interesantes. Os dejo aquí también más información sobre el resto de participaciones y los demás encuentros en Málaga, Salamanca y Madrid.

Apocalipsis

Sigo pensando lo mismo que hace un año: "la Navidad se parece mucho al Apocalipsis. Más que un tiempo de alegría, parece el tiempo previo al Armagedón. Es el tiempo del gran banquete, de la orgía acústica y lumínica, el tiempo del gasto y el exceso. Comemos hasta reventar como si el mundo fuese a acabarse, cantamos villancicos hasta la extenuación como si estuviéramos espantando algún mal y bebemos hasta perder el sentido para intentar no pensar en lo que se avecina. Es como si lo peor estuviese a punto de ocurrir. Por eso nos aprovisionamos de víveres para varios meses y nos juntamos todos en la casa-búnker familiar, a la espera del momento de la gran demolición."

Noche comunal

La cosa tuvo su aquél. Aunque no estaba en mi mejor momento, al final el resultado fue más o menos digno. La verdad es que tocar después de un músico de verdad, me producía más que respeto. Pero como se ve que a esas horas la vergüenza se disipa, me puse manos a la obra como si tal cosa. Eso sí, advertí a los presentes que podían hacer de todo menos escucharme (hablar, mirar las imágenes, comer). La música debía tener el estatus de ruido de fondo. Y la verdad es que se lo tomaron en serio. Me atrevería a decir que demasiado en serio. No sé si alguien llegó a escucharme tocar. Pero el caso es que eso fue lo que me liberó para soltarme. Cuando fui consciente de que todos estaban "a lo suyo", me pude poner "a lo mío". Y creo que la cosa se me fue incluso un poco de madre. Tanto, que estoy convencido de que tuve la culpa de la accidental clausura del evento. Esto merecería un post especial, pero adelanto aquí algo.

Después de mi actuación, llegó el turno de la guitarra…

Noche en blanco

Esta semana está viniendo cargadita de actos. El martes, la presentación de cuaderno. Ayer, la charla-presentación sobre la obra de Luis Fernández y el espacio topológico. Y, como no hay dos sin tres, esta noche me he vuelto a dejar liar para tocar el piano acompañando a las imágenes de Óscar Espín. Será en la Fundación José García Jiménez, a partir de las diez de la noche, más o menos, en el marco de su "Noche Blanca de Navidad". De nuevo, lo que haré será improvisar de memoria las cuatro cositas que más o menos siempre toco. Si no tenéis otra cosa mejor que hacer un viernes por la noche (cosa que dudo), estáis invitados a cava e imágenes con música.

Desnudarse

Al final, la presentación quedó más o menos digna. Ua cosa íntima pero emotiva. El despacho de la galería se había decorado para la ocasión con dibujos de Pividal. El marco favorecía la intimidad y el recogimiento. Yo leí un pequeño fragmento de "Cuaderno de duelo", y, mientras leía, me di cuenta de que se me hacía un nudo en la garganta. Hay textos que cuesta tanto sacárselos de dentro, que luego se resisten a volver a entrar, a ser dichos de nuevo, rememorados, renombrados, restablecidos.

Es tremendamente difícil volver a las heridas que aún no han cerrado. Y hacerlo como si no pasara nada. De hecho, creo que no voy a volver a hacer una lectura pública de este tipo de trabajos. Conforme avanzaba la lectura, sentía cómo me iba desnudando progresivamente hasta que el frío de la calle helaba mi cuerpo. Luego, por supuesto, uno vuelve a su sitio y se recompone como si nada hubiera sucedido. Pero eso sí que es ficción. La ilusión de un yo completo que es pura fachada. Por dentr…

Presentación de Cuaderno

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Por si alguien está aburrido y no tiene que hacer nada el martes 15 por la tarde, os dejo aquí la invitación a la presentación de Cuaderno, el pequeño librito del que ya hablé aquí, compuesto por dibujos de Javier Pividal y textos de Pablo Guitiérrez y un servidor vuestro. El acto será a las 19'00h en la Galería Art9 (Murcia).




Puertas al campo

A veces pensamos en Internet como un nuevo mundo lleno de posibilidades. Y es cierto, pero sólo hasta cierto punto. Por mucho que nos empeñemos los internautas, Internet no es el campo y, contrariamente a lo que algunos piensan, no es tan difícil poner puertas y barreras. Es el mundo real porque sucede realmente, pero es un lugar cerrado y relativamente fácil de controlar. Un lugar bastante parecido a la realidad de la película Matrix, donde hay una estructura nodal y matricial que llega a todos los rincones del sistema. Se trata de un mundo que sólo ahora comienza a ser legislado, porque, hasta este momento, hemos vivido un tiempo muy parecido al de la Conquista del Oeste, la era del Internet libre e indómito.

Sin duda, el futuro será muy diferente. Recordaremos con nostalgia los tiempos en los que las descargas eran gratuitas, cuando podíamos ver series y películas sin pagar y podíamos compartir nuestros archivos a través de redes p2p. Esa época libre de Internet está tocando a su fi…

Bodas de madera

Cinco años. Cinco segundos o cinco milenios, depende de como se mire. Un instante, o toda la eternidad. Por un lado, tengo la sensación de que todo ha pasado en un abrir y cerrar de ojos. Pero, por otro, parece que esto siempre ha sido así, que este es mi estado natural, el de compartir la vida con womahn. No concibo otro modo de vida. No me imagino ya en mi vida anterior. Ni mucho menos en una vida futura. Tengo la sensación de haber nacido para vivir la vida que me ha tocado vivir. Y que esa vida está sucediendo justo ahora. No antes ni después, sino en el momento presente.

Por lo general, uno se pasa la vida entera buscando la felicidad. Y en esa búsqueda de lo que no tiene, a veces olvida lo que ha conseguido. Vivir de modo proyectivo, pensando en un futuro mejor es lo que nos hace avanzar y mejorar. Sin embargo, ese mirar constantemente hacia delante nos hace miopes ante nuestro presente.

Pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor conduce a la melancolía y evita vivir el presente…

Redescubrimientos y reconquistas

Después de una semana de aúpa, por fin me puedo sentar con tranquilidad durante unos minutos frente al ordenador para hacer una breve y esquemática crónica de lo que ha sido la semana. Ha pasado tan rápido, que tengo que hacer esfuerzos para recordar:

1) Comienzo las clases de Teoría del Arte en Historia del Arte. Apenas tengo tiempo hasta el fin del cuatrimestre para lo que me ha tocado en liza impartir: la crítica de arte, de Diderot a Baudelaire. Me voy a saltar toda la parte antigua, y voy dar un giro mortal hasta BenjaminBuchloh, que he redescubierto estas semanas. El texto "Figuras de autoridad, signos de regresión" es una de las cimas de la historia crítica del arte contemporáneo. De mayor, quisiera escribir algo así.

2) Logro acabar también el texto para El ángel exterminador, la exposición que comisaría Fernando Castro en el BOZAR de Bruselas. Otro redescubrimiento: el último Buñuel.

3) Me fascina el seminario de Gayatri Spivak en el Cendeac, sobre todo, el hecho de ir…