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Mostrando entradas de abril, 2010

Cenizas

Por fin remitieron las cenizas del volcán de nombre impronunciable y las cosas siguen su curso en los cielos. Sin embargo, imperceptiblemente (tan imperceptible como la ceniza), algo parece haber cambiado. Aparte, por supuesto, de las enormes pérdidas económicas en todo tipo de sectores, la erupción ha abierto también una brecha en el pensamiento y nos ha permitido reflexionar sobre la viabilidad de un mundo sostenido por hilos.

Ha sido un acontecimiento no traumático, no devastador, casi diría que poético; sublime, en el sentido romántico del término. Por vez primera, no es la muerte la protagonista de la catástrofe, y las imágenes dolorosas no han ofuscado el pensamiento. Ahora ha sido la ceniza la que ha cegado nuestros ojos, la que, paradójicamente, negando la visibilidad de los aviones, nos ha hecho ver la fragilidad de nuestros sistemas de comunicación. Y desplazándonos, dejando a miles de personas fuera de lugar, nos ha puesto a todos en nuestro sitio.

Lo curioso es que esta vez…

A lo grande

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Una de las cosas que más llaman la atención de la vida americana es la tendencia al gigantismo y la exageración. Aquí todo es a lo grande. Los coches, la ropa, las raciones de comida, los paquetes de detergente... es la apoteosis del tamaño familiar, el imperio del XXL. Se trata de la monumentalización de la mercancía, que exhibe su potencia, apabullando al consumidor a través de su enorme escala. Y por si el tamaño de las cosas no fuera suficiente, la tradición publicitaria estadounidense tiende a presentarlas aún mucho más grandes de lo que son. Este uso de la ampliación es una estrategia común de la publicidad en todos los lugares. Pero aquí eso llega hasta el punto del paroxismo y la desproporción. Un extremismo perceptible especialmente en la publicidad de los alimentos. Un uso abusivo del primer plano que muestra los alimentos de un modo totalmente obsceno y, diría, pornográfico.


Este acercamiento de la cámara hace que la comida desborde la pantalla y entre en el espacio del es…

Más iPad

Después de casi una semana de uso, no me retracto de la nada de lo escrito en el post anterior. Estoy encantado con mi iPad. Muy poquitas veces un aparatejo inorgánico había llamado tanto mi atención. Espero que womahn no se ponga celosa, aunque confieso que es para estarlo. No me separo de bicho ni a la de tres.

De momento, para lo que más lo estoy utilizando es para la lectura de blogs (con aplicaciones como netnewswire), para navegar por la web (mucho más cómodo que el fijo o el portátil, y con un tamaño más que aceptable), y sobre todo para la lectura de libros y documentos electrónicos. La aplicación de lectura de libros (ibooks) es tan agradable que, incluso antes que en los lectores tradicionales de e-book, uno se olvida del dispositivo y se concentra en la lectura. La lectura de pdfs y otros documentos también es tremendamente cómoda. Hay una aplicación, ianotatepdf, que permite subrayar, anotar e interactuar con el documento. Eso, para la cantidad de artículos que me descargo …

Habemus iPad

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Al final no he podido reprimirme y he sucumbido al iPad. La tentación era grande, y mi fanatismo tecnológico más grande aún. Así que, como se dice en mi tierra, se ha juntado el hambre con las ganas de comer y no he podido evitar caer en la tela de araña de SteveJobs. Eso sí, tengo que decir que, en el día y poco que llevo de uso, el aparato no sólo no me ha decepcionado, sino que me ha fascinado como hacía tiempo que no lo hacía ningún dispositivo tecnológico. Ni el iPhone, ni el portátil, ni la consola, ni el e-bookreader, ni nada de lo que he adquirido hasta ahora tiene, de lejos, el poder de fascinación del iPad. Ya postearé aquí por qué creo que ocurre eso, que está relacionado sin duda con su imitación retro de lo ya existente, pero de momento lo que voy a hacer es un repaso de algunas de las características del juguetito que me tiene prendado.


Quizá lo primero que haya que decir es que el tamaño importa. El iPad es más grande de cómo aparece en las fotos. Hasta que uno no lo tie…

Vida sana

La vida americana es una continua película. Ya lo he escrito aquí. Pero a veces hay escenarios y guiones que no se cuentan y otros que se cuentan tanto que llegan a oscurecer la realidad. Eso es lo que sucede con la imagen que se ha creado sobre la comida y el estilo de vida americano. Uno espera llegar y encontrarse un mundo de obesos sedentarios que no paran de atiborrarse de comida basura y televisión de baja estofa. Y no es así. Ésa es sólo una de las caras de la moneda. Junto a este mundo insano, se encuentra el mundo de la salud extrema, de la pulsión vigoréxica y de la paranoia de la calidad de vida. Estados Unidos es el país del estrés y el McDonald’s, pero también (y sobre todo) es el lugar de la healthy life, el yoga, el ejercicio constante y la alimentación orgánica. Y aquí no se admite el término medio: hamburguesa grasienta o sirope de savia.

Hasta ahora, no sé si para bien o para mal, me ha tocado vivir la segunda de las realidades. Williamstown es un lugar donde la vida …