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Mostrando entradas de marzo, 2011

Dichoso

La vida lo había tratado bien. Era el hombre más feliz sobre la faz de la tierra. Por eso cogió el cuchillo, lo hundió en su estómago y destrozó sus entrañas, temeroso de que aquella ilusión acabara por desvanecerse.

Impasibles

Ya no había soldados en la ciudad. Los tanques estaban vacíos. Ningún avión sobrevolaba ya los edificios. Habían pasado varios días desde que sonaron por última vez los antiaéreos. Sin duda, la paz había llegado a aquel lugar. Y, sin embargo, nadie salió a la calle para celebrarlo. Todos continuaron con sus rutinas, como si aquella última luz sobre el cielo no hubiera conseguido mostrarles la esencia destilada del género humano.

[Publicado originalmente en El coloquio de los perros]

Tristeza

Imagen
Espectáculo en el cielo. Sobran las palabras.



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Unión

Las dimensiones de la catástrofe de Japón son tales que difícilmente podemos hacernos una idea real de lo que ha sucedido. Las imágenes que hemos visto de la destrucción contribuyen de hecho a esta imposibilidad de imaginar el desastre. Imágenes que nos recuerdan a las de las películas de catástrofes naturales donde lo humano apenas es representado. La gran ola, las casas cayendo, los barcos hundiéndose, la fuerza de la naturaleza destruyéndolo absolutamente todo… pero, paradójicamente, ni un solo cuerpo. Sorprende –para bien– el pudor del pueblo japonés, velando los cuerpos, quitándolos de la vista. Sorprende, también, las pocas tragedias individuales que se han contado. Por supuesto, las hay, como en todos los lugares. Pero lo que vemos, lo que se transmite, es la unión del pueblo japonés. Incluso los trabajadores que arriesgan su vida para enfriar el núcleo de la central nuclear son trabajadores anónimos. Son individuos, claro está, pero sobre todo son pueblo. Qué alejados estamos …

Pornografía y ficción

Acabo de ver A Serbian Film, la polémica película por la que el director del Festival de Sitges ha sido imputado por exhibición de pornografía infantil. Lo confieso, se me ha quedado un mal cuerpo que no puedo con él. La escena de la violación al recién nacido es desagradable a más no poder. Y hay otras muchas que no le van a la zaga y han conseguido revolverme el estómago. La película es un disparate, una obra repulsiva y terrible, pero, desde luego, de ahí a ser catalogada de pornografía infantil va un largo trecho. Es una película gore, no una snuff. Es decir, es ficción, no verdad. Es tremendamente desagradable, pero no deja de ser una película. Una obra que, además, se muestra en un contexto propicio para este tipo de filmes, el Festival de Sitges. Nadie está obligada a verla. No es pornografía: no se distribuye como tal, no se muestra como tal, no se produce como tal. Nadie es violado, ni violentado. Es tan sólo una historia. Otra cosa, claro está, es la utilizació…

Insignificantes

Y hoy la tierra se revuelve por dentro. Veo las imágenes y, por un momento, tomo conciencia de lo insifigantes que somos. Y me parecen entonces ridículas todas las cosas.

Tres años

Hoy hace tres años. No hay olvido que consiga olvidar el origen. No hay palabra que consiga apresar la ausencia. No hay caricia que consiga reemplazar el tacto de una madre. Aunque el tiempo haga flaquear la memoria, aunque los años endurezcan las palabras, aunque la experiencia abra el cuerpo. Hoy hace tres años. Y no son muchos ni pocos. El tiempo se vuelve insignificante. Y yo la sigo perdiendo todos los días. En cada recuerdo que se archiva, en cada lágrima que no se derrama, en cada palabra que ya no se escucha.

Hoy hace tres años. Y hoy transcribo aquí el principio de mi cuaderno de duelo. Lo he revisado mil veces y parece que al final verá la luz. El destino ha querido que, precisamente hoy, acabe la última revisión antes de enviarlo a imprenta:

En la habitación oscura, H. abre un cuaderno. Allí, con los ojos aún enrojecidos, logra escribir:

A veces es necesario comenzar por el final. Siempre, quizás. No hay otra manera de hacerlo.

Por eso comienza ahora que todo ha acabado, ahor…

Algunos libros

En estas semanas de locura conferencial y textual apenas estoy teniendo tiempo para leer novelas. Aun así, algo voy leyendo de cuando en cuando, en las noches isomnes y en los entreactos de más de diez mintuos. De las últimas cosas que he leído, me quedo, sin duda, con La nueva taxidermia, el último libro de Mercedes Cebrián. La primera de las dos novelas cortas que componen esta obra es magistral, una reconstrucción de los espacios de la memoria realmente perturbadora. También la segunda parte merece la pena, aunque no me ha llegado a convencer tanto. Y hablando de "segundas partes", también he podido leer Segunda parte, de Javier Montes. Eso de segundas partes nunca fueron buenas no se cumple aquí. Es un libro escrito con una prosa envidiable. De todos modos, me sigo quedando con Los penúltimos, su primera novela. La historia me resulta mucho más atractiva, aunque es cierto que este último libro parece mejor resuelto, y que hay ciertos párrafos para enmarcar. Para enmarcar…